El próximo 7 de junio, Lali abrirá en Córdoba la gira de «No vayas a atender cuando el demonio llama», su sexto álbum.
A menos de un mes después de llenar dos estadios Vélez en Buenos Aires, la llegada a Córdoba no se trata de un detalle geográfico menor: la provincia que le dará la bienvenida a la popstar es la misma que le otorgó a Javier Milei su victoria más holgada en 2023 (75 % de los votos en el balotaje) Lali llega, entonces, al corazón del bastión libertario con un disco que filtra su ADN pop por la distorsión del rock nacional para disparar un mensaje político frontal y, a la vez, festivo.
Respecto al disco, la crítica lo vio enseguida: estamos ante el trabajo más maduro de la cantante. No solo en cuanto a personalidad, sino en creatividad y artística. Con guiños a Charly García y un pulso ochentoso, Lali cuestiona (y se divierte con) el estado de las cosas: la polarización, las redes de odio, la industria cultural y los vínculos en tiempos líquidos. Esa mezcla de insolencia pop y rebeldía rockera le da al álbum un tono que resuena, sobre todo, en tres pistas clave:
“Fanático” y “No me importa”: respuestas con distorsión
Elegido como primer single, “Fanático” nació –según la propia artista en una entrevista con Sofía Carmona– como un “regalo de amor” frente al hostigamiento libertario, pero se convirtió en un himno de protesta: el videoclip es de un casting de “fanáticos” de Lali, entre los cuales, uno parodia a Milei con un actor de patillas y campera de cuero, filmado en un depósito (guiño al apodo “Lali Depósito” que el Presidente le dedicó en redes).

En la letra (“te encanta hacer como que no tenés idea quién soy…”) Lali invierte la lógica del odio: expone la obsesión de quien ataca y devuelve ironía rockera en vez de victimismo. “No me importa”, por su parte, es una defensa en la que asume que el acoso no la silencia sino que la fortalece. Ambas canciones cristalizan la tesis del disco: contestar sin rebajarse, plantar bandera desde el espacio de cada uno, en su caso, la pista musical.
Desde que Milei la acusó de vivir de la “plata del Estado”, Lali entendió que su tribuna ya no es neutra. En entrevistas recientes dijo que el Presidente la ataca “por ser mina y exitosa”. El choque se enmarca en una avanzada global de líderes de ultraderecha contra artistas mujeres, podemos pensar en el ensañamiento de Donald Trump con artistas como Taylor Swift y Beyoncé. No vayas a atender cuando el demonio llama metaboliza ese cruce con una estrategia doble: por un lado la denuncia (a las fake news, la misoginia, etc.), y por otro lado la celebración.

“Plástico”: crítica sistémica con Duki
La colaboración con Duki nos da la frase que bautiza el álbum y abre otra capa de lectura. En este track, la dupla despelleja críticamente y muy claramente la superficialidad de la industria musical que muchas veces opera cosificando, exprimiendo y descartando. Pero la crítica no es sólo a la industria en sí, sino al sistema en su conjunto: a las redes, al algoritmo, a las dinámicas de consumo emocional que nos atraviesan a todos.
En ese sentido, la crítica menos obvia de esta canción, es a los vínculos en general. Desde el título mismo, “Plástico” interpela: lo plástico es lo moldeable, lo sintético, lo artificial. Y en ese juego de metáforas, Lali traza un retrato brutal de los vínculos humanos actuales, cada vez más mediatizados, fugaces, performáticos. Pero también de una sociedad entera que premia la imagen por sobre el contenido, la exposición constante por sobre la verdad íntima, y donde el “ser” se disuelve en la lógica del “aparentar”.
Sin embargo, esta última también es, casi sin querer, es un disco con muchísimos tintes políticos, una crítica a las lógicas políticas per se: “Cuánta fantasía de un mundo mejor, donde el tiempo a los falsos los olvida y cae la mentira en los ojos de Dios” Acá, el dúo de artistas, de alguna forma, nos presenta la desilusión con los relatos políticos pseudo redentores, la utopía de que la verdad y la integridad triunfan por sí solas en un sistema dominado por lo efímero y lo falso.
Además nos hacen cuestionarnos “¿Qué habrán sentido esas almas que se apagaron?
Perder su identidad no vale cuánto le pagaron” estas frases no se refieren solamente a artistas o famosos que venden su esencia por más fama o contratos. Está hablando de dirigentes, comunicadores, referentes sociales, que se traicionan a sí mismos y a sus ideales a cambio de poder, visibilidad o plata. En ese “apagarse” de las almas, hay una denuncia directa a la corrupción ética de quienes deberían representar algo más que intereses.
Es por todo esto que, el comienzo de la gira de Lali en Córdoba, en el marco de los ataques del presidente Javier Milei hacia ella y otros artistas, todo este álbum cobra aún más sentido y Lali llega como una voz que desnuda al sistema desde sus entrañas en un país donde el oportunismo político se disfraza de rebeldía, y donde el discurso libertario promueve una libertad sin empatía ni responsabilidad.








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